ENTRE LOS RECUERDOS DE MAMÁ

PIE Los domingos de Pascua Irene y yo estrenábamos un vestido diseñado y cosido por mamá.
Para sus nietos. Diseño, construcción y amueblado: Iss
Recibiendo un reconocimiento por sus 40 años ininterrumpidos como maestra de artes plásticas
Autor: Jorge Alcocer W
Autor: Ernesto Alcocer W
Autora: Irene Alcocer W

1943 DE VACACIONES EN MÉRIDA

Chichí se le dice en Yucatán a la abuelita. A mi bisabuela, a la que no conocí personalmente, le llamábamos así en la familia. Mamá hablaba todas las semanas por teléfono de larga distancia con ella, y la quería mucho.

Invitadas por Chichí (doña Teófila Sierra), en 1943, Iss y Carmen, de 19 y casi 18 años de edad, viajan a Mérida, ciudad que dejaron cuando eran niñas de 11 y 12 años para radicar en México, y a la que no habían regresado desde entonces (en la foto, con su prima Nohemí, primera a la derecha). 

A parientes y amigos que vivían en Yucatán y no habían viajado a la capital del país, como el tío Alfonso y su hijo Emilio, hacía siete años que no los veían.

En la siguiente carta, Carmen le escribe a su mamá y le cuenta cómo les está yendo.  Son de notarse en ella algunos giros del lenguaje que se usaban en la época, como estuvo chispa, para algo curioso y simpático, o Bicho toca brutal el piano, para señalar que su primo Bernardo toca muy bien el piano. Nos vamos a hacer todo el mes de julio en Mérida, es expresión coloquial de nos vamos a quedar todo el mes de julio en Mérida. 

Tiempos en los que no abundaba el papel pero sí las ganas de comunicarse y estar en contacto.

Mérida, 26 de junio de 1943

Queridísima mamá:

Te escribo ésta en vez de Chichí para mandarte el giro de $500.00; ella no te escribe porque verdaderamente no ha tenido tiempo pues como siempre (está) batallando con todo mundo. 

El día que llegamos fuimos a casa de tío Alfonso, que como te dije en la pasada, no sabía que estábamos aquí, y fíjate qué chispa estuvo: antes, en la tarde, fuimos a tomar una cocacola con mates (a Santa Lucía) y vimos a dos muchachos, uno de ellos Emilio, y lo reconocimos y lo llamamos pero él no nos reconoció y creyó que éramos unas muchachas coquetas y después quién sabe qué nos dijo y se fue, entonces nosotras dijimos pues vamos a casa de tío Alfonso para que vea quiénes somos, y buscando la casa por ahí la encontramos; tocamos y nos abrió tío Alfonso y tampoco nos reconoció. Nada más nos dijo: esperen tantito, y fue y nos abrió por el consultorio y nosotras atacadas de risa entramos y después le dijimos quiénes éramos y ya no podíamos de risa todos. Por cierto que tío Alfonso está muy flaco, en cambio tía Lola gordísima y muy bien conservada.

Bueno, pues como te estaba contando, después le dijimos a tío Alfonso que llamara a Emilio, y se quedó rete asustado cuando entró y nos vio. Es muy buena gente, lo mismo que los demás, todas las noches viene a casa de Chichí.

Fíjate que ayer fuimos a la hacienda y a casa de tía Lucrecia pues fue cumpleaños de Elsie y se lo van a festejar hoy, va a hacer una fiestecita y vamos a ir todos (primero a su casa) y después… a la Jarana que hay en (la hacienda) Petcanché. Mañana vamos a pasar el día en Progreso y yo creo que nos vamos después a hacer todo el mes de julio.

Hoy en la mañana salimos al centro y (me compré) una tela muy bonita para unos pantalones cortos, y unas alpargatas que me costaron $ 4.00

Yo creo que vamos a dar todas una engordada espantosa pues comemos mucho. Nos levantamos a las 6 o 6 ½ pues hace mucho calor y comemos a las 12 y cenamos a las 6 y después de cenar vamos a dar la vuelta o vienen Pilar y su esposo o tía Lucrecia o quien sea; nos acostamos a las 10 de la noche.

Bueno mamá, me despido hasta la próxima pues si te sigo contando no acabo y Chichí quiere mandarla pronto (esta carta), saluda mucho a papá y dale muchos besos y abrazos de mi parte, lo mismo a Kikis y a Berta, saluda a todos y tú recibe muchos besos de tu hija Carmen.

(En el margen) Tía Lucrecia me dijo que estaba muy buena la mermelada que le hiciste y que cuando tenga tiempo te escribe.  Bicho (Bernardo, primo de Iss y Carmen) toca brutal el piano, no te puedes imaginar.

(Postdata) …Dile a Berta que cuando pueda me mande una pañoleta para la cabeza pues me hace mucha falta por el calor y el aire que hace a veces, la quiero color claro, ya sea blanca, o verde pálido o cualquier color.

Los siguientes son fragmentos de la carta que escribe Emilio a su tía Isolina G Cantón, mamá de Carmen e Iss, con motivo de la visita de sus primas. Resalta el uso del diminutivo para referirse a ellas, que se ve que le cayeron muy bien. 

Asombra la edad que tiene y el grado escolar que cursa. 

En cuanto a la mención a Santa Lucía, que también hace Carmen en su carta, esta plaza, en el abandono durante más de cien años, fue arreglada en el siglo XIX construyéndole portales, sembrando palmeras y otras plantas, y colocando bancas de metal; era un parque muy concurrido, y sigue siendo, ahora dedicado a los compositores yucatecos, si bien ha sido ocupada en parte por restaurantes al aire libre, tiendas y espectáculos para turistas.

Mérida a 3 de julio de 1943

Deseo que al recibir ésta te encuentres gozando de la más grande salud que existe en el mundo, pues así me supongo.

Mi querida tía:

Yo aquí, muy reventado pues ahora estoy presentando exámenes y todo el día y noche estudio, y me faltan cuatro exámenes para terminar el 3º año de secundaria y después a la preparatoria. Cuando descanso un rato y dejo los libros, voy a visitar a las primas, pues figúrate qué me pasó el día que llegaron ellas, vas a ver, estaba regresando de casa de un amigo en donde estaba estudiando, eran por allá de las 4 ½ de la tarde y pasé por Santa Lucía y vi que venían pero como no las (re)conocí y ni sabía q habían llegado, pues q me iba a imaginar quienes eran, y me pongo a florearlas, ellas me hablaban pero yo no las oía y después seguí para casa a descansar un rato y estaba acostado cuando llegaron aquí a casa, me levanté y aceché y las ví, me dijo papá quiénes eran y yo tenía vergüenza de asomarme, fue después de lo que había pasado en Sta Lucía y tenía una pena.  Al fin salí y estaba tan nervioso que con trabajo me salieron las palabras para saludarlas… pero eso ya pasó, ahora todos los días voy a charlar con ellas a casa de Chichí.

Carmen e Iss en Progreso

Caray, tía, qué grandes ya están ellas, tanto tiempo, ya hace 7 años q barbaridad, lo q es la vida, yo por lo tanto ya estoy requete viejo, fíjate que el 7 de agosto cumplo los 19. Yo iba a invitar a las primas para la gran fiesta q  voy a dar pero… se van muy pronto… lástima.

Tía, me dice Ysolinita (Iss) q no has recibido carta mía, no te escribo por (tener) mucho q hacer pero en enero te escribí dándote las gracias por la faja (que me regalaste) pues me gustó muchísimo, estoy encantado con ella, te doy muy cariñosamente las gracias tía pues está lindísima.

Cuando se vayan (a ir) las primas y tenga dinero les doy algún retrato para que te lleven pues como no tengo dinero no puedo ir a la fotografía a q me tomen unas fotos pero ya…

Esta fue la foto que Emilio mandó a su madrina.

Tía, me dicen las primitas q cuándo me llego por allá, les dije q yo quisiera ir a verte… además de pasear y descansar pues yo lo necesito, estudio mucho y nunca voy a pasar las vacaciones a ningún lado. Las vacaciones aquí las paso encerrado en casa desde que estoy estudiando. Ya hace 10 años no tengo vacaciones, yo desearía pasear… Si cada domingo guardo .20 centavos al cabo de un año ya tendré unos 13.00 pesos… y me falta sólo para el pasaje.

Tía qué tal está tío Enrique (papá de Iss y Carmen), cuéntame, quisiera saber qué tal están todos los demás pues ya sé de mis primitas Carmencita e Isolinita, faltan Enriquito y Bertha. Salúdamelos a todos y a mis otras tías les das mis más afectuosos saludos y a los demás primos y q me escriban, yo creo que q ni se acuerdan de mí…

Bueno tía aquí me quedo.

Se despide de ti con un fuerte abrazo y muy cariñosamente tu ahijado y sobrino que te quiere mucho                Emilio.

Tía Nela (Manuela), esposa de Gregorio G Cantón Sierra (tío Goyito), escribe a su cuñada Isolina G Cantón Sierra, sobre la visita de Iss y Carmen.

Con una letra menuda, perfectamente legible, bien redactada, se percibe el gran cariño que tiene por su cuñada e hijos.

Mérida, agosto 11 de 1943.

Querida Ysolina:

No te imaginas la alegría tan grande que nos dio volver a ver a tus chicas y la pena que sentimos cuando se fueron; a pesar del poco tiempo que estuvieron con nosotros las extrañamos mucho y quisiéramos que vuelvan pronto pero con sus hermanos y contigo; ya sabes que aquí tienen ustedes una casita humilde y hermanos que deveras los quieren y que nos daría mucho gusto verlos pronto.

A las chicas las desconocí de momento porque están muy altas y bonitas; pero en el alma son las mismas: conservan todos su candor de chiquillas y sus mismos caracteres tan simpáticos y en verdad te digo que son encantadoras.

Recibí tu carta de felicitación y los aretes de plata, que son preciosos; también la mermelada que estuvo riquísima, y la corbata, que le gusta mucho a Goyito y la luce los domingos. Elsie Cantón nos dio los aros (anillos) que mandaste; también son muy bonitos y los usamos desde que llegaron.  Muchísimas gracias por todo.

…Te adjunto dos estampas que manda Susy a sus amiguitas. Saluda cariñosamente a todos y recibe un abrazo de la que sabes te quiere mucho. Nela.

Unos meses después,  Iss recibe en México por su cumpleaños una postal de Progreso, la playa y puerto más cercanos a Mérida, adonde solían pasar parte del verano mis antepasados que allá vivían y muchas otras familias. Aún hoy es un lugar que disfrutan los yucatecos sobre todo durante la temporada más caliente del año.    

                

MÉRIDA 1940. RECIBÍ TU SIMPÁTICA CARTITA

Hasta pasados los años setenta, el principal medio de comunicación entre las familias y amigos que vivían o se encontraban en distintas ciudades eran las cartas y las tarjetas postales. Quienes no sabían leer y escribir, contrataban a un escribano o a un vecino, amigo o pariente y le dictaban lo que querían poner en la carta.   Las llamadas telefónicas de larga distancia se cobraban por minuto, eran muy caras y la conexión deficiente: la mitad del tiempo se iba en preguntar ¿me escuchas? Y responder: no muy bien, a ver, habla… Poca gente las usaba y a través de este medio escasas cosas se decían, eran más bien para saber si la persona que estaba del otro lado se encontraba bien, pasándola o mal.

Para no gastar en esas llamadas tan caras, se hacía un acuerdo con la persona que salía de viaje: -cuando llegues (o todos los domingos por ejemplo) nos marcas, esperas que el teléfono suene tres veces y cuelgas, así ya sabemos que estás bien y no tenemos que pagar la larga distancia.

Las cartas que aún se conservan en archivos públicos o privados son una fuente histórica importante para conocer la vida cotidiana de un tiempo y espacio en el que vivieron gentes concretas que ya no están con nosotros. 

Los árboles genealógicos familiares, que sólo registran nombres, fechas, lugares de nacimiento y muerte de ascendientes y descendientes, y las fotos donde los vemos tan serios, tan arreglados y tiesos, son completamente insuficientes siquiera para imaginarnos quiénes fueron en realidad esos personajes de los que una desciende.

Alguna vez leí que la información sobre nuestros antepasados se pierde prácticamente en la tercera generación. De cómo eran nuestros padres, en la edad adulta al menos, sabemos bastante si convivimos con ellos; las historias de nuestros abuelos las conocemos menos, aunque los hayamos tenido muy cerca.

De la vida de los ocho bisabuelos, conocemos algo sólo por lo que abuelos y padres nos contaron, que generalmente es poco o nada.  Y basta. Para atrás, la oscuridad… a menos que alguno haya publicado un libro autobiográfico, tengamos un diario que hubiera escrito, o cartas suyas.

Por azares del destino, tengo conmigo una buena colección de las que escribieron algunos de mis antepasados cercanos. Sumergirme en ellas ha hecho no sólo que los conozca sino que les tome cariño y hasta los extrañe, me hubiera gustado convivir con ellos. Imposible, pertenecen a otro tiempo. Para que la especie evolucione, los individuos tenemos que desaparecer.

Leer las cartas de mis antepasados cercanos desde que eran jóvenes hasta los últimos años de sus vidas me ofreció un panorama de cómo fueron cambiando y de cómo transcurrió su paso por este mundo: qué hacían, qué sentían, qué pensaban y deseaban, cómo hablaban, a dónde iban…  

Asombra un poco (y se agradece), darse cuenta de que dominaron el género epistolar. Sin estar redactadas de manera pulida, se entiende muy bien lo que quieren decir; encontramos expresiones coloquiales y una capacidad de narrar desde el corazón y expresando sentimientos y emociones que ayuda a hacerlos entrañables dotándolos de carne y hueso.

La carta que encontrarás más abajo, escrita en su casa de Mérida por Lucrecia G Cantón, mi tía abuela, y dirigida a su hermana Isolina, mi mamá grande, que vivía en la ciudad de México, y transcrita para este blog, no tiene nada de especial, no es de alguien de mucho mundo, de una persona culta o erudita,  que muestre un pensamiento profundo, que hable de política o de asuntos trascendentes, no, no se espere eso al leerla.  Son pequeños detalles los que me hicieron elegirla para compartir en este blog.

Es una carta que deja ver la vida a medias urbana y a medias rural que transcurría en su familia entonces de clase media.  Deja ver también, como en la mayoría de las cartas familiares de la primera mitad del siglo XX, una cierta carencia de papel, por lo que se aprovecha todo para escribir.

El frescor de las últimas horas del día activa a los habitantes de Yucatán, agobiados por el calor de las horas de sol.  Así que, al empezar a ponerse este, una de las actividades más socorridas cualquier día de la semana era visitarse. Llegaban a casa de parientes o amigos sin necesariamente avisar, y  sostenían largas y placenteras conversaciones que incluían por supuesto chismes, chistes, recetas y consejos, tocar el piano si piano había y cantar y bailar, ponerse al tanto de negocios y problemas familiares, salud, encuentros, próximas fiestas y salidas o llegadas de viaje, cotilleos y lo que fuera. Sabían conversar y escuchar.

Aprovecho para aclarar sobre dos asuntos que tía Lucrecia menciona en su carta:

1- La actividad de revisar la ropa, abundante en una familia generalmente grande con cinco, más o muchos más niños, y a veces los abuelos y otros parientes que vivían en la misma casa, consistía en examinar cada prenda (seguramente recién lavada) para asegurarse que no quedaran manchas, que el dobladillo permaneciera bien cosido, los botones completos y firmes, los lazos y bordados enteros, y que la tela no estuviera rota. En caso contrario, se la separaba de las demás y se procedía a repararla o remendarla. También puede referirse a que antes de entregar a una lavandera la ropa, se contaba y anotaba: seis camisas, quince pares de calcetines, ocho pantalones cuatro faldas, y así. Y cuando ella la devolvía, también planchada y doblada, había que revisarla y contarla de nuevo para asegurarse de que no faltara ninguna prenda.

2- La mención a una nevada que recientemente había caído sobre la ciudad de México y sus alrededores, fue un acontecimiento que ocurrió poco antes de que Lucrecia escribiera la carta, y que volvió a suceder hasta principios de los años 60.   Siempre es noticia que caiga nieve en la capital del país y alrededores.

Mérida marzo 25/940

Sra Isolina GC de Warnholtz

Querida Isolina: Hace algunos días recibí tu simpática cartita y no había sido posible dedicar un ratito para escribirte pues aunque tú no lo creas, no tengo tiempo ni para rascarme. Tú dirás ¿Cómo es posible? Verás: me levanto a las seis ½ pues de lo contrario nadie va al colegio y mientras Vicente se va al mercado, yo arreglo los corredores, después me voy a la cocina y solo tengo tiempo de descansar unos minutos y van llegando del colegio y piden su almuerzo y después me siento a revisar ropa y me dan las cinco de la tarde, y sigue el trajín de la cena y como casi siempre viene alguien de visita, se va la hora. Ya ves; dirás que por qué no me ayudan, pero es muy sencillo. 

Pilarcita está dedicada a sus animales pues ahora tiene 35 pollos de lo más lindos y dos camadas por brotar, así es que buen trajín tiene, además casi todos los días se va a la hacienda con mamá y regresan por lo regular a las dos de la tarde y después riega el jardín y la huerta, que por cierto está toda llena de azahares; en fin, que estamos muy entrajinadas.

Tu carta me llenó de alegría pues me dices que la Negra ya está bien, qué bueno, pero me extraña que la semana pasada no me hubiese escrito, más si le hizo mal la nevada ya me figuro lo lindo que debió de ser, sobre todo para las personas que les cogió de sorpresa; por consiguiente (sic) aquí hemos tenido muy mal tiempo. Hoy por ejemplo empezó a llover a las cuatro de la tarde y terminó a las siete, creo que hasta la atmósfera está loca, pues no es tiempo de lluvias.

Celebro que les hubiese gustado la hueva (de pescado) pues realmente es un plato muy sabroso y este año hubo bastante pero muy caro; por suerte tenemos unos compadres tan buenos, que siempre se acuerdan de mandarnos algo (pregúntale a Elsie si recuerda la temporada de cazones, que te cuente).    ¿Me preguntas de mi reuma? Pues por fortuna la gran inflamación que tuve en la mano se me quitó pero siento mucho dolor en todo el cuerpo, sobre todo cuando despierto. Ya me dijo el doctor que no coma carne, pues es de los riñones.  ¿Y tú cómo estás de salud?  Supongo que bien, pero es una lástima que se te fuese tu criada pues no puede uno hacer tanto.

Creo que ya pronto le mando el dinero a Elsie, no se ha podido hacer nada, por eso no se lo he mandado, pero estoy ya por tenerlo, ya verás que no venga ella cuando esté malo el tiempo, pues francamente ya con lo que le pasó le pienso mucho.

 Cuando me escribas, cuéntame de Iss, si todavía está en Monterrey, debe estar muy contenta. ¡Feliz edad!

Qué te cuento, ayer Domingo de Pascua me fui a Progreso de pasadía y había mucha gente, parecía un domingo de agosto.

Bueno dear, creo doy por terminada la presente, pues son las nueve de la noche y todavía le voy a escribir a Elsie y como ves ya (casi) no tiene tinta mi pluma y le tengo que escribir con lápiz.

Saludos para todos y mucho cariño para ti.

Tu hermana Lucrecia

EL KUCHEN DE CUMPLEAÑOS

Desde que me acuerdo, en los cumpleaños de la familia Alcocer Warnholtz y nuestros descendientes hay un panqué especial que siempre está presente y forma parte muy importante del festejo, al grado de que los anfitriones del cumpleañero nos comunicamos con hermanos y sobrinos invitándolos “a la casa a partir el Kuchen”. 

A nadie se le ocurre hacer Kuchen cualquier día o para cualquier evento. Es solamente para los cumpleaños.  Se elabora en casa, todos lo sabemos preparar y lo comemos con gusto.  El festejado sabe de antemano que tendrá su Kuchen; un regalo amoroso para compartir y disfrutar. Quien lo prepara, quien lo recibe, lo parte y lo comparte y quien asiste al festejo ratifican con su participación su pertenencia gozosa al clan familiar. 

Este Kuchen pertenece a un tipo de panqués que tiene la característica de que cada uno de sus cuatro ingredientes principales: mantequilla, azúcar, huevos y harina, pesa lo mismo. Su origen se encuentra en el centro y norte de Europa. Hay un recetario de finales del siglo XVII, en Estados Unidos. La palabra panqué, viene, según esto, de la frase pound cake, referida a este tipo de pastel obiscocho cada uno de cuyos ingredientes pesa una libra… más o menos, siempre y cuando la proporción no varíe.

Aunque también la rama Watty-Widmann, a que dio lugar una hermana de mi bisabuela, heredó la receta y la costumbre del Kuchen de cumpleaños, quiero creer que Juliana Tänzer, tatarabuela mía y abuela paterna de los hermanos Warnholtz Widmann trajo con ella la receta y preparaba el Kuchen para festejar los cumpleaños de marido, hijos y nietos. Ella era originaria de Altona, tan cerca de Hamburgo que hoy forma parte de esta ciudad, donde nacieron los Braune Kuchen, cuya receta también debe haber conocido y elaborado para las celebraciones de Adviento y Nochebuena.

A la receta básica del panqué se le pueden añadir pasitas, nueces, chispas de chocolate, betún u otros ingredientes, y también, por supuesto, se pueden usar distintos moldes y comer como cualquier biscocho. La forma de rosca, en nuestro caso, daba lugar a una única vela prendida en honor del festejado.

Nosotros, el de cumpleaños, el más básico y sencillo, lo preparamos como mamá, que no tenía báscula, nos enseñó, con 250 gramos de mantequilla, una taza de azúcar, dos de harina y ocho huevos medianos (alrededor de medio kilo).  Así lo aprendimos y queda muy bueno.

La mantequilla, al tiempo, la batimos.
Agregamos una taza de azúcar y seguimos batiendo
Cuatro yemas y guardamos la clara para añadirla más adelante
Dos tazas de harina cernida, poco a poco, batiendo
Cuatro huevos alternando con la harina y batiendo
Prender el horno y batir las claras a punto de listón
Incorporar las claras, sin batir la mezcla
Ralladura y jugo, de limón o naranja
Una copita de Brandy
Untar con mantequilla el molde
Vaciar la masa
Hornear a temperatura alta 10 minutos y media hasta que esté listo
Tapar hasta que se enfríe
Colocar en un plato y ponerle azúcar glass
¡Listo!

Un muchachito requete mono

Los Warnholtz Widmann eran nueve hermanos que crecieron hasta convertirse en adultos. En 1902 habían nacido ya ocho.  Aquí puedes verlos y contarlos. 

Enrique era el tercero de ellos; ya grande se casó con Isolina G Cantón. En 1934 tenían cuatro hijos y vivían en Mérida Yucatán, de donde ella era oriunda .

Ernesto fue el penúltimo hermano, el bebé que aparece en el extremo derecho de la foto. Ya crecido se casó con May Retteg, de origen inglés según contaba mamá. El 27 de diciembre de 1933 ella dio a luz a su primer bebé, y el 10 de febrero, mientras el feliz papá le escribía a su hermano desde San Diego California, donde vivían entonces, ella amamantaba al primito de mi mamá que se convertiría años después en tío de muchos sobrinos y padre de varios hijos.

Betty, Ernesto y Ricardo Warnholtz Retteg

Cuando Bertha Warnholtz G Cantón, la hermana mayor de mamá, era adolescente, solía visitarlos y cuidar y entretener a sus primitos, diez y más años menores que ella.

Entre los primeros recuerdos que tengo de mi infancia están las figuras de tío Ernesto y tía May, que para entonces ya vivían en México. Mamá los quería mucho, tanto como a sus primos Nesto, Betty y Ricky, y papá y nosotros también.

Mamá, tía Betty y tío Nesto, en Acapulco, en los años 40

Cuando yo o alguno de mis hermanos se lastimaba fuerte (esas heridas que te haces de niño cuando te caes o te pegas y te sale mucha sangre), mamá nos llevaba inmediatamente con Tía May, que  había sido enfermera antes de casarse (¿en la Gran Guerra?), y ella con mucho cariño y experiencia nos hacía una curación que agradecíamos. Nos sentíamos orgullosos de traer un parche o unas vendoletas, producto casi siempre de alguna aventura infantil.

Irene Alcocer Warnholtz, con mamá; 1959.

En cuanto a tío Nesto, ese muchachito rete mono tan querido de la familia, ha tenido una carrera brillante en la que contribuyó a facilitar las relaciones comerciales entre Alemania y México como Director General de la Cámara Mexicano-Alemana de Comercio e Industria, además de su trabajo como empresario de Seguros, y siempre ha estado cerca de nosotros y de mis primos.

En los años 90, incluso fundó con algunos socios Banca Quadrum, para financiar y fomentar el comercio exterior.

En 1934 nadie podía adivinar qué sería de la vida de Ernestito Warnholtz Retteg, tio Nesto. Volvamos a ese año, al principio, al bebé. La que sigue es la copia original y  transcripción de una carta en donde Ernesto Warnholtz Widmann le escribe a su hermano Enrique (y familia) participándole del nacimiento de su primogénito, al que bautizaron como Ernesto Enrique. Como dato curioso, en el hospital donde nació, varias décadas después nació su nieto.

San Diego, Cal, Feb 10/1934

Muy queridos Enrique, Isolina y sobrinitos:

No les había yo escrito antes por falta de conocimiento de su dirección. Espero que estén bien y contentos, y que hayan pasado feliz Noche Buena, así como que este año les haya ido y les vaya bien en lo futuro.

Por acá la novedad más importante es la llegada de nuestro Ernestito. Es probable que ya lo hayan sabido por otro lado, pero por las dudas, se los participo.  Nació el 27 de Diciembre a las 5:45 p.m., midiendo 22 pulgadas y pesando 7 libras, 10 onzas. Un muchachito rete mono y, gracias a Dios, muy sanito.  May está ya completamente restablecida. Puede ya hacer todo, con excepción de montar a caballo. Le fue muy bien en todo el asunto y todo fue perfectamente normal.  Nació en el “Mary Hospital”, un hospital magnífico atendido por Madres católicas.

Para ustedes no ha de ser nada nuevo recibir una noticia como ésta, pues en nuestra familia ya es algo común, pero con todo y eso nosotros estamos encantados de la vida. Hasta ahora todos los que lo han visto, con excepción de una señora, dicen que se parece a mí.  Yo, por supuesto, creo que lo hacen más por amabilidad que por decir la verdad, pero es curioso que todos digan lo mismo. Yo por mi no le encuentro ningún parecido, excepto que se me figura que es más tipo Warnholtz que Retteg.  Pero también tiene mucho de May, como su boca (afortunadamente) por ejemplo. 

Desde entonces ha aumentado mi trabajo en la casa considerablemente, pues ustedes saben lo que es averiguárselas sin criadas. Pero ya nos vamos acostumbrando a la rutina diaria y estamos muy contentos de todas maneras.  Vale la pena el trabajo. El chamaco se bautizó el domingo pasado. Se llama Ernesto Enrique. Sus padrinos fueron Bob, el hermano de May, y Julita, representados por Jack y Betty Hawley. No hubo bolos.

De negocios aquí todavía está medio mala la situación. Tijuana y la frontera en general sufrieron mucho con la introducción de alcohol en este país y aunque ahora tratan de componer la cosa con la famosa “Zona libre” todavía están por verse los resultados. Mientras, sigo luchando en lo mismo, pero espero encontrar algo mejor, es decir buscarme algo mejor si es que no cambia el asunto pronto.

Por allá, que tal? Qué te haces allá, Enrique? A mí me cayó de sopetón que se hubieran ido. No tenía idea de sus intenciones. A ver qué día van a New Orleans o New York y me avisan para que nos encontremos!!! (Vaya que sé hacerme castillitos en el aire!) Pero nunca sabe uno cómo se pueden presentar las cosas. Ahora estamos en los dos extremos de la República; mañana estaremos juntos en Pungarabato.

Bueno, termino porque ya me mandan a la tienda a hacer el mandado.

Muchos saludos y abrazos cariñosos y muchos besitos para Bertita, Is, Carmelucha y Kikis, de Ernesto, May (le está dando de comer y no puede firmar) y Ernestito.