También somos Warnholtz

Papá grande con mamá, su segunda hija, en brazos

Soy nieta de Enrique Warnholtz Widmann, e hija de Isolina Warnholtz G Cantón.

Patricio (izq), Sebastián (der) y Claudio (arriba)

Ellos son mis hijos, nietos de Isolina Warnholtz G Cantón y bisnietos de Enrique Warnholtz Widmann

En línea directa, descendientes, como yo, de Carstens, Johann, Karl, Gerhard y Heinrich, y de Elizabeth, Luisa y otras antepasadas que se emparentaron con ellos, dieron a luz y criaron a los hijos de ambos.   

Sus apellidos, según consta en las actas de nacimiento, son Alcérreca Alcocer. Ya no aparece el Warnholtz. Aunque lo lleven en la sangre, y en algunas costumbres que heredaron.

Mamá era nieta de Heinrich Warnholtz Tänzer y Luisa Widman Carballeda.

Mis hermanos y yo conocemos desde niños los ocho primeros apellidos que nos corresponden por nuestros antepasados paternos y maternos: Alcocer Warnholtz  Gagnière  G Cantón  Scanlan  Widmann  Lang  Sierra. Widmann se encuentra en sexto lugar. Si Luisa Widmann y mamá hubieran sido los varones en la familia, ése sería nuestro primer apellido. 

Mamá grande de mi papá grande (Oma de mi opa)

El apellido de la abuela materna de Enrique Warnholtz Widmann es Carballeda.  Un apellido de origen español, probablemente gallego. 

Si los apellidos de la línea materna hubieran comenzado a heredarse a finales del siglo XIX, Enrique y sus hermanos habrían conservado el Carballeda.  Mis hijos serían Carballeda.  Qué fragilidad: en mi linaje y el de todos Los Warnholtz este apellido se habría perdido ya.

Atrás: Isolina Warnholtz GCantón, Isolina GCantón, Marta Alcocer Warnholtz (bebé), Carmen Warnholtz GCantón. Adelante: Pamela Joublanc Warnholtz, Rafael Joublanc Zamora, Gabriela y Susana Joublanc Warnholtz.

Lo cierto es que hasta ahora, salvo contadas excepciones, las mujeres heredamos a los hijos nuestro primer apellido sólo en segundo lugar. Y en la siguiente generación, este se pierde.

De ahí que algún hermano de mi abuelo Enrique Warnholtz dijera alguna vez que en el árbol genealógico las mujeres y nuestra descendencia no importábamos (auch).

En el camino, desde Carsten hasta mí, las parientes se nos perdieron al tener que dejar de lado su apellido Warnholtz y no estar en posibilidadaes de heredarlo a sus hijos y nietos (alzo la mano para incluirme, oh).

La ley permite actualmente registrar a los hijos con el apellido de la mamá en primer lugar, y el del papá en segundo lugar, pero no está en la cabeza de casi nadie considerar esa opción si existe la otra.  Los hombres suelen estar orgullosos de que sus hijos lleven su apellido, y a las mujeres parece no importarnos heredarles el nuestro siempre en segundo lugar. A todos nos parece normal.  No nos vamos a pelear por eso.

Sabemos que en algunos países, cuando se casan, las mujeres pierden incluso su apellido de origen y adquieren el de su marido.  

Siglo pasado en Francia: hasta el propio nombre de pila de ellas era prescindible.

Juliana Täntzer perdió nombre y apellido en esta tarjeta.

Hoy, los hijos de los descendientes masculinos de Enrique Warnholtz Täntzer son candidatos a obtener la nacionalidad alemana; no así quienes somos Warnholtz por línea materna (noto cierta desigualdad de derechos).

Ella es Luisa Alcocer Rubio, hija de mi hermano Jorge Alcocer Warnholtz. Ha vivido en Alemania desde hace varios años. Allí estudió su carrera y su maestría, ama Alemania, hizo amigos alemanes entrañables y conoce bien el idioma, la historia y la cultura de la región donde vivió. En algún momento intentó obtener la nacionalidad alemana. Es Warnholtz… pero por herencia de una mujer (mi mamá) y por tanto no procedió su trámite.  

Nacionalidades aparte ¿cómo hacer, con la tecnología que hay ahora, para evitar perder en el camino los múltiples apellidos de nuestros múltiples antepasados?  Y antes de eso: ¿vale la pena conservarlos, conocerlos, hacerlos parte de nuestra identidad? 

Es un enorme acervo de conocimiento sobre nuestra genealogía el que los siglos borran (¿importa?).  Si no sabemos ni siquiera el nombre completo de la mayoría de nuestros antepasados, ni siquiera sus apellidos, mucho menos podríamos conocer quiénes eran, cómo eran, cómo era su vida, sentir que somos de su linaje y hasta quererlos.  Si no hay registro de su vida cotidiana, si no se conserva nada de lo que hubieran escrito, es poco lo que podemos averiguar de ellos.

Heinrich Warnholtz Tänzer

Cuando miro orgullosamente la foto del bisabuelo Warnholtz, tal vez me olvido de que él es sólo uno de mis ocho bisabuelos, uno de los 16 tatarabuelos de mis hijos y de los 32 choznos de mis nietos. Cada uno con sus apellidos, sus historias, sus antepasados y sus descendientes.   

Somos parte de una red familiar inmensa y compleja.  La representación de un árbol genealógico con un tronco que somos nosotros, con sus ramas que son nuestros descendientes, y sus raíces que son nuestros antepasados, se queda cortísima cuando nos damos cuenta de que somos un bosque de árboles cuyas raíces se encuentran entrelazadas y cuyas ramas se tocan y se perciben pero… ¿cómo representar nuestro bosque genealógico?

Nietos de Heinrich Warnholtz Tänzer y Luisa Widmann Carballeda

Somos bosque y somos red cruzada por multitud de hilos.

A la luz de los nuevos descubrimientos informáticos, empieza a ser posible tejer esa red multidimensional de relaciones familiares que compartimos completamente con nuestros hermanos y nada más con ellos, pero que toca a muchas más personas de las que podemos imaginarnos.  ¿Podremos recuperar algún día esos apellidos perdidos y las historias de las mujeres y los hombres que nos antecedieron:  Täntzer, Fiebbe, Carballeda…?

Los sitios en internet sobre heráldica (como Ancestry.mx), la información que puede encontrarse en Google, y los estudios que ahora están llevando a cabo investigadores interesados en ellos, a veces con la colaboración de millones de personas que suben datos de sus antepasados a las plataformas virtuales, son un intento incipiente de descubrir esas redes.

De otra manera, también los análisis de ADN que ofrecen varias empresas, para descubrir los orígenes de nuestros antepasados, prometen permitirnos conocer un universo mucho más amplio de familiares.

En comunicación

Por lo pronto, el interés de Los Warnholtz y el hecho de que nuestro primo Franz haya tomado la iniciativa de convocarnos para hacer un libro ilustrado sobre quienes formamos parte de esta gran familia me parece muy valioso. 

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Autor: Marta Alcocer

Videoasta, investigadora, periodista, bloggera, amante de la vida. Hoy, busco las raíces profundas de donde vivo, quién soy y qué hago en este cuerpo, espacio y tiempo, e intento reunirlas, reconstruirlas y compartir microhistorias que me interesan y reportajes y ensayos que escribo.

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