10 de mayo en familia

Papá grande, el papá de mamá, era de la opinión de que el 10 de mayo no debía festejarse.

Tener hijos es algo natural en las mujeres, no es para felicitarlas, ni mucho menos regalarles algo.  Es un pretexto para que los comerciantes hagan su agosto en mayo, dejó, muy claro y convincente.

Papá grande murió casi dos años antes de que yo naciera. Mamá se hizo eco de sus palabras, y nos explicaba a mis hermanos y a mí por qué no le gustaba a ella el 10 de mayo, y lo que opinaba su papá al respecto.   

Decía que éramos parte de su trabajo. Que cuántas familias habría en las que la mamá sólo era reconocida ese día: hoy no cocinas ni tienes que poner mesa, ni ser nuestra anfitriona. Hoy te llevamos a comer y te regalamos una lavadora chida para que no te esfuerces tanto.  ¿Qué te parece, vieja? Huy sí, qué emoción.

Éramos niños y mamá no usaba electrodomésticos. Salvo la licuadora y la imprescindible estufa con su horno, no le gustaban. Además, el 10 de mayo le parecía un festejo muy cursi, y se burlaba de las mamacitas que esperaban ser agasajadas y regaladas por su descendencia ese día.

No pensaban lo mismo en mi colegio, al que las mamás (incluyendo a la mía) acudían al festival del día de las madres, donde además del bailable, los cantos o lo que fuera, cada niña le regalábamos a su progenitora un Ramillete Espiritual; pomposo nombre para una estampita de la Virgen María que llevaba escrito con nuestra caligrafía infantil cuántos rosarios, jaculatorias y oraciones habíamos rezado por su alma. Mamá recibía también algún trabajo manual que habíamos hecho especialmente para ella. El único que recuerdo es un mantel con alguna figura cosida en punto de cruz. Un gran esfuerzo, por cierto, que llevó a cada quién muchas horas, y que no todas terminamos antes del 10 de mayo.  Pero, como sea, ahí estaba el regalo por el fruto de sus sacrificios y desvelos maternales.

A Lupita, mi abuela paterna, en cambio, sí la festejábamos. O ella nos festejaba a nosotros, porque ese día íbamos a su casa a felicitarla y nos quedábamos a comer. Vivía en el último piso de un edificio de departamentos, que tenía una terraza con helechos y una gran pecera con pececitos japoneses.  Nos recibía a los niños con una copita de rompope y, seguramente algunas botanas para la concurrencia.  Ella vivía sola, pero ese día llegábamos a sus tres hijos, tres nueras y 18 nietos. No sé cómo cabíamos tantos en su departamento.  ¡Felices días de las madres, Lupita!

Entre lo que más recuerdo de su casa, es un plato colgado en el recibidor con la frase Vive a gusto y olvida los disgustos.  

Del 10 de mayo no te puedes sustraer.   Siendo mamá todos se sienten con la obligación (¿y el gusto?) de felicitarte. Se los agradezco.

Mis hijos estudiaron la primaria en un Montessori. Uno de los principios de este método dice algo así como que para los niños el juego es trabajo y el trabajo juego, y que lo mejor es no interrumpirlos (por lo menos entre semana) con festejos y situaciones que los distraigan de sus tareas.   

Así que en su escuela no organizaban más que un festival al año, en diciembre. El 10 de mayo transcurría como cualquier otro, salvo que, a la salida, cada niño llevaba una flor para regalarle a su mamá Y yo, orgullosa de su discreción y buen gusto.

El 10 de mayo es de todos sabido que los restaurantes también hacen su agosto.  Frente a nuestra casa había uno, el André. En la banqueta colocaban una hilera de bancas para que las madres y sus festejantes se sentaran a esperar su turno.  Y para evitar que se insolaran, había una carpa y de vez en cuando un mesero salía con una charola ofreciéndoles alguna bebida.  Ignoro si el restaurante siga con las mismas benévolas costumbres.

Por cierto… el tráfico ese día era agotador.

Cuando Lupita ya no pudo recibirnos el 10 de mayo, mis hermanos y yo, con nuestras respectivas familias, íbamos a comer a casa de mamá y papá. Como tantas veces, nuestro lugar de reunión.  La pasábamos bien. 

Letrero sin fecha que encontré entre lo que papá guardaba de los recuerdos de su mamá (no lo escribió ella, esa no era su letra, ni su ortografía)

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Autor: Marta Alcocer

Videoasta, investigadora, periodista, bloggera, amante de la vida. Hoy, busco las raíces profundas de donde vivo, quién soy y qué hago en este cuerpo, espacio y tiempo, e intento reunirlas, reconstruirlas y compartir microhistorias que me interesan y reportajes y ensayos que escribo.

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